Llevas la espera como estandarte
No resuena màs en tu oìdo la puerta
su fuerza rendida ya no habla
Y los pies desnudos y frìos
se posan al lado
del espacio cruel de la cama vacìa
Porque una selva hùmeda
puede voltearse
y ser el calor insoportable del desierto.
Manos en los ojos
el eco parece una respuesta burlona
y el cuerpo-resorte cae agitando el polvo
de tus secos mandamientos.
Entre la negrura de una tela
y la violencia
y la arena
se dejan sacudir tus cabellos.
Y hay una voz tan clara
discursos sin pliegues
Una mano tibia te toca
Tu mirada se arrastra atònita por sus dedos.
La voz te exhala brisa en el cuello
no hay sonidos huecos
Y al seguir hacia arriba
el camino trazado por esa boca que canta
encuentras el enigma de tu propio beso.
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