Hoy que no quiero verme
sé
que ella me quiso
-la del espejo
que no quiero decirme
y rehúyo del aliento
del paladar agudo
la filosa lengua
que escapo de la penosa
mansedumbre de un oficio
hoy
no me muevo.
Me cuesta tocar la pluma
cantarme a mi misma una canción de nacimiento.
Aquí en la soledad menos finita
la lluvia me levanta cuando cae
su golpe,
que pende en el salto de los charcos,
soy líquido que quiere
erigirse
hacia otra parte.
Había olvidado que cuando quiero
morir puedo
matarme
discretamente
letra por letra.
Entra el hondo latir
del abandono
me carcome la piel su ojo aliento
iris de hombre
que se asoma debajo
de la sábana.,
luego pieza por pieza me recorta los días
me voy al punto ciego del silencio;
escribo una tumba para replegarme.
Finalmente aunque muerta
si habito la poesía vendrán a revivirme
sus labios
su lengua roja de otra tierra
.
viernes
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