lunes

El pájaro maldito

No resulta difícil de creer
que se desboquen erguidas tus palabras
y tus explicaciones, -la causa y el efecto- 
en tu tan admirado contrapunto.
La caída a la antítesis del propio deseo te es invisible aún.

Tu ejemplificas más que aquel reporte específico que entregas,
día tras día ante los verdugos extirpacorazones.
Hoy queda un leve palpitar de noches excitantes
un parpadeo de voces femeninas 
que anteceden aplausos, viejos números.

A veces me das miedo. 
Ser como tú,
pensarme en ese río de acciones que concretas 
dan pauta a una larga ramificación de golpes
contra la vida breve. 


Así de humano, temes morirte, 
verte vacía. 
Giras el rostro hacia el horizonte 
que tiene más cercana la mañana. 
Construyes cada día palabras suspendidas sobre otras palabras
aunque sabes
que hubo unos hombres necios,
los elocuentes locos que lograron
crearte éstas historias,
que salieron del molde y se atrevieron 
a romperse en pedazos para armarse otra vez, 
sobre sus ruinas, 
para un mundo nuevo 
en el que tanta fe tuvieron... 

Ahora  nos tejes una oda de correcciones propias.
Bien, elaboras una argumentación paciente,
te concentras,
el ritmo disciplina
te vuelcas en la fuerte mansedumbre
del la rutina diaria;

El tiempo
su canción 
donde te eriges hombre, rigor, pausa, 
continuum de ambiciones
se conduele y te mira
cómo buscas allá en las enredadas,
erudiciones parcas
un espíritu que anda volando sobre el mundo

el que viste de niña
el que te abrió de un soplo el alma, las manos
la cordura, la humanidad que hoy bulle medio rota

ésa consupiscente errática verdad
que duele
que te araña con sus misterios las líneas de la espalda

ese espíritu sombra que guardaste en un minuto-infancia
llena de nada
luminosa y perdida...

te despide

porque tu aliento ahora
se mece en una historia de tajantes órdenes,
estacas de madera rompen nuestro silencio
marcando sus azotes y sus moiras sobre los inocentes

tiempo que  corre en unas venas 
y nos mira con todas las preguntas reunidas en un negro
hoyo-sin lenguaje

desde su  vasto campo de caricias; Viento
y lo abriles furtivos que dan trigos
el pan y el alimento.

Te despides, 
tu cuerpo de costumbres y compases
mujer, se nos revierten.

Hoy perteneces más a aquella fábrica de tuertos
y te vendes tranquila a los humores,
los nuevos combustibles.
Tu asfalto se disuelve en esos sueños...
los rudos frontispicios
en cavernas herrumbres encajadas,
de las otrora verdes callejuelas.

Te tengo tanto miedo 
que me voy alejando de tus formas
aunque la salvación me dicte perderme muchas veces
y revolverme estúpida en la hiedra;
en éste afán de no verterme en la costumbre
de creerme humana y atreverme a negarlo
y afirmarme control,
calladamente
olvidarme silbar, ave nocturna,
no saberme soñada,
apenas halo
una espora en los límites
de lo innombrado.